Por los Caminos

“Hay dos cosas que yo nunca he tenido: Miedo y cansancio”

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A los 94 años llego a su fin la intensa de vida de monseñor Luis Bambarén Gastelumendi. Sufrió persecuciones, arrestos, intentos de homicidio, atentados. Hoy, el virus, un enemigo mucho más pequeño, pero terriblemente poderoso, acabó con la vida de ‘El obispo de los pobres’. Fue uno de los fundadores de Villa El Salvador. Vivió su vida encarnando realmente el verbo de Cristo, siempre del lado de los pobres. Se fue como vivió: luchando. Él, que había escalado altísimos picos nevados, fue, lo que podemos decir, un hombre de acción y aventuras. Muy lejos del estereotipo del cura enclaustrado. En 2006 le hice esta entrevista. Entre varios temas, hablamos también de la proximidad de la muerte, que hoy llegó: “A mí me gustaría morir mártir, defendiendo a mi Dios. Nunca he dejado de ir a algún sitio peligroso. Al contrario, me iba a la capilla y le decía “Jesús, hoy voy a conocer tu rostro”, y me iba donde sea. Si yo le dedico mi vida a Dios, cómo no voy a desear encontrarme con él. Sin embargo, una cosa es meterse al peligro y otra cumplir con el deber”. Acá les comparto la conversación que tuvimos aquella vez:

Entrevista por Eduardo Abusada Franco

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Ud. fue uno de los fundadores que de Villa El Salvador, ¿qué siente cuándo ve la enorme ciudad que se ha levantado sobre el arenal?

Cuando sucede la invasión de Pamplona teníamos que reubicarlos. Era una invasión muy grande. No podía ser un pueblo dormitorio donde la gente sólo va a dormir. Yo, como Obispo de los pueblos jóvenes, hablé con el gobierno militar. Al reubicarlos vimos que tenía que ser un pueblo con su zona comercial e industrial, entonces dejamos toda un espacio eso. Por ello Villa El Salvador es lo que es ahora. Yo tenía esperanza porque fue una invasión muy organizada, una comunidad autogestionaria. En cada cuadra los vecinos elegían un representantes.

Pero esto le costó enemistades con los militares, ¿no?

En realidad Velazco era muy considerado conmigo, muy educado; pero en el año 71 estaba el ministro Artola, que era muy temido por todo el mundo. Se parecía físicamente a Mussolini. Ya estábamos en vías de solución, y se le ocurre a Artola el 5 de mayo meter a policías en forma violenta, meter bala y quemar las chosas. Hubo muchos heridos y un muerto. En la misa para el difunto usé una frase que no le gustó a Artola. “Uds. no son invasores, son la nueva Lima y si a Pizarro se le rinde un homenaje en la Plaza de Armas, a uds les rendimos un homenaje aquí en Villa”.

¿Y Artola qué hizo?

Me citaron a la Prefuctura a aclarar toda esta situación. Ahí me interrogaron 8 horas, me dijeron de todo. De ahí me llevaron esposado a la carceleta del Palacio de Justicia, y como no sabían qué hacer conmigo me dieron a escoger entre ir a Lurigancho o a El Sexto y me pasaron ahí. Yo ya conocía  a los presos porque los ayudaba mucho. Esto causó tanto alboroto que cayó Artola.

¿La Junta Militar lo seguían presionando?

Poco después de la caída de Artola, yo regresaba manejando a Piedra Liza donde tenía mi casita ahí cavada en la roca. Vi por el espejo que me seguían. Aceleraba, retrasaba, cambiaba de carril y no se separaban. Me dije que si iba hasta Piedra Liza me liquidaban. Por la Av. 28 de Julio logré sacarles ventaja, y justo cuando estaba por llegar al parque Melitón Porras hacen un disparo y cae en la camioneta.

Por lo visto, varias veces ha estado parado frente a un cañón. No lo querían tampoco los terroristas, ¿no?

Bueno, mi primer contacto con terroristas fue en el año 60, antes de ser Obispo, en Colombia. La guerrilla en ese tiempo no era tan organizada. Eran liberales contra conservadores. Ni estaban armados, era todo con machete. Fui como voluntario. Uno de aquellos guerrilleros se confesó conmigo y me entregó su machete. Me dijo “la policía me persigue por 102, pero se equivocan por ocho”. Con ese machete había liquidado a 110 personas. Al final se logró la pacificación.

¿No tenía miedo?

Hay dos cosas que yo nunca he tenido: Miedo y cansancio.

Y acá, luego del gobierno militar, ¿nunca lo han amenazado los paramilitares o senderistas?

Por supuesto que sí. No solamente amenazas. He tenido bombas en mi casa. En Chimbote me pusieron dos bombas. Emboscadas he tenido varias. La más divertida, pero peligrosa, fue en el 91. Regresaba manejando, nunca tenía chofer, del Valle del Santa a Chimbote. Eran como la media noche y de copiloto tenía al Padre Sandro. La trocha se anegaba y tenía que ir despacio, y en una de esas salen dos tipos con armas. Me miraron y seguí. Pero más adelante la carretera estaba bloqueada y le dije al párroco “¡Sandro esto es una emboscada!”. Saltaron de los  matorrales y empecé a retroceder. Logré girar y escapamos mientras nos disparaban. Después al Padre Sandro lo mataron en otra emboscada.

¿Dónde radica la fortaleza ante la muerte?

Los cristianos tenemos recursos muy fuertes. En la misa, después de la consagración cuando el sacerdote dice las palabras de Jesús “tomad y comed, este es mi cuerpo que será entregado por ustedes”, ¿por qué no decir al revés? “Señor toma mi cuerpo y mi sangre que será derramada por ti”. Se lo estás diciendo a Dios y lo dices en serio. Entonces estás deseando ya que llegue ese momento.

Lo llaman el “curita de los pobres”, ¿pero no se le hace pesado vivir en lugares con pocas comodidades para un hombre de su edad?

Bueno, ahora que voy a Chimbote casi cada semana, ¿sabe dónde me alojo? En un container. Eso es bueno, a mí siempre me ha gustado estar en campamentos, caminatas. Una vez en la sierra también nos alojamos en una Iglesia pequeña y teníamos que dormir así a piso pelado con un frío enorme. También en el año 64, con unos compañeros, hicimos lo que llamamos la Marcha de los Valientes. Nos hicimos todo el Callejón de Huaylas a pie. Me gustaba mucho escalar.

He conocido un cura boxeador, pero primera vez que veo un Obispo escalador.

Yo me he escalado todos los cerros que hay en la nieve por la zona de Ticlio. No pensaba mucho en los riesgos. En España escalé el pico más alto que es el Mulhacén. Es un sitio muy escarpado y nos tocó una tormenta de viento terrible. A partir de las 4 de la tarde ya no podíamos avanzar. Tuvimos que abrazarnos a las rocas para que no nos llevara el viento. Cuando oscureció buscamos un lugar entre las rocas. Estaba tan agotado que de sólo estirar la mano para agarrar la cantimplora tenía que descansar.

Es que Ud nació entre nevados, en Yungay. ¿Cómo recuerda el terremoto del 70?

De 52 familiares que tenía ahí sólo queda uno vivo. Yo estaba en Lima e inmediatamente salimos volando para allá, pero no se podía entrar y tuvimos que quedarnos en Chimbote. No sabíamos la magnitud de lo que había pasado. Recuerdo que me encontré en el aeropuerto con un piloto de la FAP que había sido alumno mío y me dijo que iba a sobrevolar el Callejón de Huaylas para hacer fotos. Cuando regresó, bajó del avión blanco como el papel, y me abrazó y se echó a llorar. ¿Qué pasa, Ítalo?, le dije. “Yungay no existe”, me dijo. Fue terrible.

Luis Bambarén en visita a pueblos jóvenes.

¿Y en ese momento, no renegó de Dios?

No, ¿por qué? Jamás. Son fenómenos de la naturaleza.

De no haber sido sacerdote, ¿tal vez hubiese sido un político?

Yo, desde niño, siempre quise sacerdote. De muchacho nunca dudé de eso, no sé por qué. Decía, si no puedo ser sacerdote, seré ingeniero. 

Ya que estamos hablando de política, ¿se puede saber por quién votó?

En Chimbote voté por Guzmán Aguirre que ha salido elegido y para Presidente el voto es secreto…jaja.

¿Cómo ve los primeros meses de Alan García?

En general lo está haciendo bien; la prueba es que tiene bastante apoyo popular. Pero creo que tiene que ser más activo en la lucha contra la pobreza.

Ud. fue muy opositor al régimen Fujimorista, ¿cree que hay voluntad del gobierno actual para extraditarlo?

Cada vez hay más dudas. Es que mira, la red montesinista está en todo y también en el Poder Judicial. Ahora que se hablan de los candidatos a la presidencia de la Corte Superior y Suprema, yo no los conozco; pero por su hoja de vida algunos son personas cercanas al fujimorismo. Los tentáculos de Montesinos siempre están presentes.

¿Cómo le cayeron las declaraciones de Carlos Raffo, quien dijo que Ud. tiene un hijo escondido?

Esa es una acusación grave y sin pruebas, “dicen qué…”. Es como si yo dijera “Raffo es un ladrón, que demuestre que no lo es”. Esa fue su acusación “se dice que Bambarén tiene un hijo”. Dijo eso porque yo declaré que era un cinismo de Fujimori decir que no sabía nada del Grupo Colina, cuando lo interrogaron en Chile. Él dice que en Chimbote todo el mundo dice eso, pero a ver que me saque alguien que lo diga.

Entones, ¿Ud. niega tener un hijo?

Totalmente. Si lo supiera lo diría siempre.

¿Y lo de los negocios que supuestamente tiene en la pesca?

Nada, si yo no tengo nada. No tengo una casa, no tengo un vehículo, ni una cuenta bancaria.

Si Raffo se viene a confesar con Ud., como religioso, ¿lo perdona?

No hace falta que se confiese. Frente a todo esto, yo he dicho como Jesús, “Padre, perdónalos porque no saben lo hacen”. Yo ya lo he perdonado. Pero debemos acostumbrarnos a respetar el honor de las personas y no difamar con tanta facilidad. Encima dice que son varios hijos. Entonces que me saque uno solo y yo estoy dispuesto a hacerme la prueba de ADN, pero eso sí, la cuenta la paga Raffo…ja.

¿Pero de joven tuvo alguna enamorada?

Así formalmente no. Yo he tenido una relación muy buena con las chicas, muy normal. Siempre andábamos en grupo y naturalmente siempre hay una chica que te gusta más y eso es normal. Pero nunca he llegado a decirle a una “vamos a ser enamorados”.

¿Se toma su vinito de misa de vez en cuando?

No, yo soy un hombre de trabajo. Sólo fumo mis puchitos, jaja. A veces en algún compromiso, si hay un brindis de honor, me tomo mi pisquito, pero nada más.

¿Es hincha de algún equipo?

Por supuesto, del Alianza Lima; aunque antes era de la U. Lo que pasa es que un día llegó a mi despacho una mujer morena que era hija de Lavalle (José María) y me pedía que interceda para que no los boten de donde vivían. Fuimos a su casa, y vivía en una situación miserable en un callejón de mala muerte; él que había sido una figura nuestra. Inmediatamente fui a Palacio a hablar con Velazco y le conseguimos una casa en San Juan de Miraflores. Además, yo ayudé a construir el Estadio de Matute. La gente de los barrios de Matute y Mendocita no querían salir de ahí. Me reuní con todos los vecinos y los ubicamos en un mejor sitio. Son hechos que me vincularon con el Alianza. Naturalmente, como chimbotano, ahora soy del Gálvez.

Un colega con él que parece que no se lleva es con el Cardenal Cipriani, ¿existe alguna enemistad?

No, para nada. Nosotros como personas nos llevamos bien. Sin embargo, hay cosas que son opinables. Pero él quisiera que nadie le contradiga, que su palabra sea la última. Entonces, varias veces ha dicho “mi voz es la de Cristo, cuando me atacan a mí atacan a Cristo”. Él prohíbe, pero yo hablo de libertad.

¿O será que Cipriani es medio fujimorista?

Por lo menos es como se ha manifestado siempre, ¿no? Creo que nadie niega eso. Él nunca se ha pronunciado contra Fujimori, nunca. Yo sí he estado en la Mesa de Diálogo de la OEA y he defendido siempre la democracia y el Estado de Derecho.

Aunque ya se ha visto varias veces cara a cara con la muerte, ¿cómo le gustaría que esta llegue?

A mi me gustaría morir mártir, defendiendo a mi Dios. Nunca he dejado de ir a algún sitio peligroso. Al contrario, me iba a la capilla y le decía “Jesús, hoy voy a conocer tu rostro”, y me iba donde sea. Si yo le dedico mi vida a Dios, cómo no voy a desear encontrarme con él. Sin embargo, una cosa es meterse al peligro y otra cumplir con el deber.

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