Opinión

Démosle el foco a lo que cuenta

0

Por: Juan Manuel Robles Montoya

La tragedia siempre atrae. Así, por ejemplo, cuando hay un accidente en la vía, siempre nos detenemos (por lo menos, unos segundos) para apreciarlo en todo su esplendor. Nos amontonamos en torno a él y empezamos a desmenuzarlo y hasta a crear teorías sobre el mismo. Es, acaso, el primer motor de la atención humana.

Siguiendo esta línea mórbida, la tragedia, mas no su reacción, es la que acapara titulares. Peor aún si esa reacción es la de un nuestro chico impopular favorito: el gobierno (sin mayúsculas, porque no se lo merece).

El 15 de marzo de este año, en un país principalmente conocido en estos lares por ser nuestro rival en el principal partido de eliminatoria que tuvimos en más de tres décadas, sucedió uno de los más repudiables ataques terroristas en lo que va del año: los tiroteos de Christchurch.

Así, todos sabemos que murieron 50 personas y otras 50 fueron heridas y que este ataque fue realizado por un supremacista blanco.

Sin embargo, quisiera, sólo por un momento, rescatar las palabras de la Primera Ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardem, después de tomado conocimiento de este horor:

“He sought many things from his act of terror, but one was notoriety. And that is why you will never hear me mention his name. (…) He is a terrorist. He is a criminal. He is an extremist. But he will, when I speak, be nameless”. / “Él buscaba muchas cosas de este acto de terror y una de ellas era notoriedad. Por eso, nunca me escucharán decir su nombre. Es un terrorista. Es un criminal. Es un extremista. Pero él, cuando yo hable, no tendrá nombre”.

Todo esto, y más, es la reacción alturada de una persona que tiene claro su papel, al menos en una primera reacción. Falta mucho, muchísimo para atender correctamente la tragedia. Pero un primer paso se dio.

Porque el silencio, bien manejado, también es una forma de reaccionar.

Ahora lo principal también es atender a las causas de esta tragedia. Revisar la regulación respecto al control de armas, así como al auge de sentimientos supremacistas, xenófobos y discriminatorios en general.

Este fue un ataque terrible, pero es sólo la manifestación, la pus de la enfermedad que nos afecta a todos. No debemos esperar a más.

El doctor Hermilio Valdizán Medrano

Previous article

El rey de España debe pedir perdón

Next article

You may also like

Comments

Leave a reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

More in Opinión