Memoria

Una lección de honor: Juan Guillermo More

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Por: Eduardo Abusada Franco


A veces, toda una vida de heroísmo no alcanza para hacer olvidar un solo error fatal que marcará nuestra impronta. Como la imborrable cruz de ceniza marcada en la frente de los Buendía, así llevaremos el estigma de nuestros errores, más que de nuestros triunfos.

La semana pasada escribía en esta columna sobre el legado del coronel Bolognesi. Pero, junto a él, también brillaron otros nombres. Uno es el de Juan Guillermo More. Ascendido a capitán de navío, comandó a la poderosa Independencia iniciada la Guerra del Pacífico. Era uno de los blindados más potentes de entre las dos escuadras enfrentadas, arma que seguramente nos habría dado mejor posición para ganar la guerra. Desatado el combate de Iquique, More fue a darle caza a la legendaria goleta Covadonga. Nave de mucho menor calado, lo que le permitía ser escurridiza en aguas cercanas a las playas.

Al final de una zona conocida como Playa Larga, en Punta Gruesa, la Independencia chocó con una roca que More no pudo divisar desde la cubierta, donde le zumbaban los tiros. Debió estar en la torre de mando. Pero More, valiente como era, quería estar en la cubierta combatiendo a pecho descubierto, que sus hombres lo vean enfrentar la muerte, demostrar el arrojo que uno quiere ver en su capitán. Tal era la tradición naval de Nelson, y muchos capitanes lo imitaban. Pero también se necesita cabeza fría. El valor temerario de More evitó que las órdenes lleguen con claridad desde la posición en que estaba, y cuando mandó entrar al espolón para partir a la escurridiza Covadonga, ya fue muy tarde. Jóvenes maquinistas dieron a babor en lugar de estribor, y un sonido aterrador se sintió abriendo los fondos de la nave. More mandó a encender la santabárbara y hacer volar la nave con él adentro. Nunca le tuvo miedo a la muerte. A juzgar por los hechos posteriores, es más, la buscaba. El aguaba que entraba no permitió que el depósito de armas prenda y los marinos chilenos empezaron a rematar a los náufragos. Al llegar Grau con el Huáscar puso en fuga a la Covadonga. La Independencia estaba perdida, la guerra también. El resto, solo sería una resistencia.

More fue llevado a juicio marcial y puesto preso en Arica. Desde el colegio, a varios nos quedó el recuerdo del pobre hombre que perdió la mejor nave de la armada, con la que tal vez hubiéramos vencido a los chilenos. Para muchos sigue siendo eso. Pero don Juan Guillermo se enroló nuevamente como voluntario, y combatió junto a Bolognesi en la defensa de Arica. La película ‘Gloria del Pacífico’ rescata una escena que hace temblar de la emoción: cuando More le confiesa a Bolognesi, vestido con traje de la época, que no se merecía llevar las insignias de militar, pero que pelearía con él “hasta quemar el último cartucho”. Así fue. Me contaba un historiador que incluso, aquel día, llevaba puesto su traje de gala, el que tenía más luces: quería atraer hacia sí los tiros del enemigo.Las crónicas de El Mercurio y otras fuentes dan cuenta de su arrojo y valor. Por última vez se rió en la cara de la parca y ordenó prender el polvorín para reventar a todos dentro del morro, chilenos y patriotas. Otra vez el destino quiso jugar con él. El fulminante falló. No reventaron las minas. Revólver en mano, aún humeante el acero, fue encontrado su cuerpo. El honor recuperado, y un brillo en sus ojos muertos. El resplandor heroico de los que dan la vida por sus causas. Hoy su cuerpo reposa en la Cripta de los Héroes y el de la Independencia en el fondo del mar de Iquique.

Nota: Columna escrita en 2017 para Diario Uno.

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