Ciencia

“Todos los niños y niñas actúan como pequeños científicos desde que nacen”

0

La bióloga Isabel Vaccari ha trabajado educación con niños y adolescentes. Conversé con ella respecto cómo difundir la ciencia en los más jóvenes; y, entre otros temas, nos aclaró ciertas falsas creencias respecto a las vacunas.

Entrevista por Eduardo Abusada F.

Estos tiempos de pandemia nos han hecho ver lo mal que está nuestro sistema de salud. Y otro campo que está alicaído es el de la educación en niño. Las pruebas PISA han mostrado el bajo nivel de comprensión de textos. Si no comprenden, ¿están en capacidad nuestros niños de aprender ciencias?

En definitiva, la educación no puede verse como una cajonera separada, un armario en donde guardamos datos inconexos. Nuestra manera de aprender es integral y multidimensional, pero existen capacidades básicas que deben irse construyendo, como las matemáticas y la lectoescritura, que serán los cimientos de aprendizajes posteriores.

Yo he trabajado con niños y niñas desde los 4 hasta más o menos 16 años, y puedo decir que la curiosidad, problematización, experimentación y otras capacidades científicas de un niño o niña existen de manera previa a la lectoescritura, pero es evidente que a medida que se van desarrollando, es necesaria una correcta comprensión lectora (así como estructuras mentales matemáticas), pues la ciencia requiere no sólo de experimentación, sino de clasificación de información, contrastación de fuentes, argumentación, etc. ¿Cómo podemos investigar y ser capaces de cuestionar o extraer información de diversas fuentes si es que no comprendemos lo que leemos?

¿Entienden los niños pequeños lo que está pasando en el mundo actualmente con la pandemia? ¿Son conscientes de la gravedad del hecho?

Por supuesto que entienden lo que pasa, tal vez no en todas las dimensiones que nosotros podemos manejar, pero desde su visión, son perfectamente consientes que algo ha cambiado y que debemos cuidarnos. Obviamente también dependerá de qué información se maneje en casa y cómo la familia aborda el tema. Tenemos que dejar de pensar en la primera infancia como una etapa sin complejidad ni agencia. Debemos pensar en ellos y ellas como seres capaces, curiosos y atentos a lo que sucede. Por esto, hay que explicarles las cosas que ocurren, anticipar lo que va a suceder, porque necesitan oírlo y necesitan de la contención del adulto. Pensar en que “son muy pequeños para entender” o “ni cuenta se van a dar” es no solo irrespetuoso sino muy equivocado.

No solo, en mi opinión está el tema de la enseñanza, sino de la alimentación en la infancia. ¿Un niño mal nutrido tendrá problemas cognitivos? 

Este es un tema fundamental, incluso hasta más importante que la misma alfabetización. Una mala alimentación en la infancia va a traer secuelas, muchas veces irreversibles en el desarrollo cognitivo de las personas. Es por eso que las políticas educativas deben ir de la mano con garantizar una correcta alimentación de los y las estudiantes, para poder disminuir las grandes inequidades que existen entre las clases privilegiadas y las más vulnerables.

¿Cómo podemos acercar las ciencias a los niños? En el colegio, los cursos de matemáticas suelen ser los más temidos.

Mas que acercar la ciencia a los niños y niñas, lo que tenemos que evitar es alejarlas. Todos los niños y niñas actúan como pequeños científicos desde que nacen. Una de las características que nos diferencian como especie de todo el resto es nuestra capacidad de preguntar “¿qué pasaría si…?”. Tú puedes verlo con bebes de entre 6 y 8 meses, cuando empiezan a lanzar una y otra vez todo al piso. Se los entregas y lo vuelven a tirar. Esto es, en realidad, un experimento científico. Están comprobando la idea: “si suelto este tenedor, se va a caer”. Pero no les basta una vez. Necesitan repetir el experimento muchas veces. ¿Y funcionará también con cucharas? ¿Y qué pasa con los limones? Este tipo de aprendizaje vía la experimentación es la mejor prueba de que nacemos listos para hacer ciencia. En mi experiencia, las clases de ciencias se disfrutan si es que se realizan desde la experimentación y la participación. No podemos pedirles a los niños y niñas que aprendan ciencias si es que no hacen ciencias. Felizmente este paradigma viejo del profesor que expone y el alumno como receptor pasivo ya está cambiando. Los niños y niñas deben tener el espacio para no perder nunca su capacidad de preguntar y cuestionarlo todo, de la mano de docentes que crean en sus capacidades y puedan brindarles el espacio y los materiales adecuados para desafiarlos y construir juntos el conocimiento.

Las ciencias exactas, como los números, la física, la geometría, ¿qué tan determinantes son como para el desarrollo de nuestra sociedad? Pues, en lo personal, últimamente veo que la educación la enfocan más en “habilidades blandas” o soft skills.

Lo que sucede es que ha habido un cambio de paradigmas. Antes se consideraba que niños y niñas debían aprender muchos datos para tener una “educación de calidad”: Memorizar todas las fórmulas trigonométricas, nombrar los ríos de África, aprender de memoria la tabla periódica, o las típicas preguntas descontextualizadas “si Pedro compra 345608 sandías y debe repartirlas entre sus 23 hermanos…”.

Ahora sabemos que la educación debe ser más que eso, que lo más importante es que los niños y niñas aprendan a aprender, que sean capaces de gestionar su conocimiento, saber cómo y para qué utilizar los datos; y sobre todo, de dónde vienen los teoremas y fórmulas. Estamos, además, en una época en donde el conocimiento está “a un click” en cualquier smartphone. Ya no es realmente útil memorizar información que podemos encontrar fácilmente en una búsqueda en Google. Pero lo que Google no nos va a dar es la capacidad para conectar datos, solucionar problemas y trabajar en equipo.

Sin embargo, esto no quiere decir que los contenidos deban ser desechados. De hecho, es en base a los contenidos que podemos construir las competencias y capacidades que queremos lograr con nuestros chicos y chicas. Los contenidos contextualizados sí importan y nos ayudan a aterrizar los aprendizajes. Tal vez luego de terminar el colegio, no recuerden exactamente el valor de la gravedad de los planetas del sistema solar, pero podrán saber de dónde viene el concepto y por qué cuerpos con más masa poseen mayor gravedad que los de menor masa, y cómo esto influye en las órbitas planetarias. Y la verdad, esto es lo más importante.

Hoy los niños tienen acceso a un mar de información en Internet. No obstante, se esparcen teorías que son fácilmente rebatidas por la ciencia, como eso de que la tierra es plana. ¿Por qué si la ciencia demuestra fehacientemente lo contrario, muchos creen estas “teorías conspirativas”?

Este es un tema que puede resultar desconcertante, ya que como bien dices, estamos en una época en la que la ciencia ha avanzado muchísimo, tenemos avances tecnológicos increíbles basados en ella, y sin embargo vemos cada vez más grupos que difunden ideas comprobadamente falsas, como que la tierra es plana o que las vacunas producen autismo. El internet, que nos sirve para conectarnos y buscar información en tiempo real, también nos da la posibilidad de poder decir literalmente lo que sea y llegar a muchas personas. Siempre han existido grupos que desconfían de la ciencia porque no la entienden o la sienten contraria a sus creencias, sobre todo religiosas, pero hoy más que nunca tienen la posibilidad de agruparse y generar movimientos globales.

Otro de los errores comunes que se tienen sobre la ciencia es que ésta debería ser infalible para ser válida. Es muy común escuchar “¡ahhh, pero la ciencia no puede explicar esto!” o “¡Ajá, este nuevo descubrimiento desbarata la idea que se tenía de ‘x’ teoría!”. Pero la ciencia es justamente todo lo contrario a una única verdad monolítica. No es una religión. Se basa en un constante cuestionamiento de cómo funcionan las cosas y si es que las respuestas que tenemos hoy pueden ser mejoradas mañana. La ciencia avanza constantemente porque justamente cada respuesta que obtenemos nos abre un sinfín de preguntas. No solo no es una falencia, sino que es deseable que una teoría planteada pueda ser mejorada constantemente con nuevos descubrimientos y podamos seguir avanzando hacia un mejor entendimiento de los procesos de la vida y el universo.

Sin embargo, no podemos dejar de hacer autocrítica, pues la comunidad científica ha podido ser por momentos pedante o ha mostrado desdén por los conocimientos o culturas ancestrales desde una posición eurocéntrica. También ha habido casos específicos de malas prácticas. El discurso de la ciencia también está inmerso en relaciones de poder. Nuevamente, la ciencia no está aislada de las personas, pues son las personas quienes la realizan, por lo que podemos tener buenos o malos científicos. Lo que sí tiene la ciencia, es que se basa en una constante revisión de ideas y datos, por científicos de todas partes del mundo, lo que hace cada vez más difícil que ideas pseudocientíficas o fraudes evidentes sean pasados por alto.

¿Qué podemos entender por pseudociencia?

Las pseudociencias son creencias, prácticas comunes o ideas que aparentan ser lógicas y explicadas desde la ciencia, pero carecen de legitimidad científica. Son peligrosas pues pueden incluir algunos datos o conceptos reales, pero conectándolos de manera antojadiza sin ningún rigor científico. Un clásico ejemplo es cuando llegan a conclusiones que no tienen correlación alguna con los datos que se manejan, como “las piedras de Sacsayhuaman son demasiado grandes ENTONCES fue construido por alienígenas”. Este tipo de argumentos no resisten el menor análisis, pero pueden ganar muchos adeptos ya que dan respuestas fáciles o esperanzas a personas que las necesitan, como en el caso de las muchas terapias mal llamadas alternativas.

En tu opinión de bióloga, ¿son confiables hoy las vacunas? Por ejemplo, de niño, recuerdo yo que siempre había en los grupos de amigos alguien con los efectos de la polio. Hoy casi no veo gente que padezca de polio.

Las vacunas no solo son confiables, sino que son las responsables de la drástica reducción de la mortalidad infantil en todo el mundo. El ejemplo que das es muy claro, hoy casi nadie sufre de polio o viruela. Sin embargo, el movimiento antivacunas ha generado un grave retroceso, yo diría que lindando con lo criminal, pues recurre al miedo y a mentiras abiertas, haciendo que muchas enfermedades que antes ya casi no se veían, regresen, afectando no solo a ellos mismos, sino a toda la comunidad.

No obstante, hay gente de los movimientos “antivacunas” que dicen que las hacen con “restos de fetos”. ¿Hay evidencia de ello?

Esta es una verdad a medias. Existen algunas vacunas virales que en su momento se desarrollaron en células humanas (tanto de tumores cancerosos como de tejido fetal de dos únicos abortos durante la década de los sesenta en Europa), pero no es que exista una industria negra de compra y venta de fetos abortados, sino que desde tejidos pulmonares se cultivaron células que sirvieron a su vez para el cultivo de algunos virus para la producción de vacunas. Esto dista muchísimo del “te están inyectando restos de fetos”. Actualmente, además, las técnicas han cambiado muchísimo, estamos hablando de más de 60 años de avances desde entonces.

Tampoco hay que quitar de vista que las restricciones y las discusiones en torno a la bioética han ido en aumento desde los inicios de la producción de vacunas, y que todos estos procesos tienen protocolos muy estrictos, que deben estar alineados con las leyes nacionales.

En todo caso, ¿debe estar un padre obligado a vacunar a sus hijos? ¿No debiera ser eso una decisión de ellos? Allí encuentro un dilema.

Mi opinión es que hay ciertas vacunas que deben ser obligatorias, porque estamos hablando de salud pública. Si lo llevamos al extremo, el argumento es “si yo quiero que mi hijo se muera de viruela, es mi derecho”, pero no lo es. La viruela es altamente contagiosa y un niño o niña contagiado puede infectar a otros que aún no han sido vacunados o están inmunodeprimidos y son vulnerables. El no vacunarlos es un atentado contra la salud pública y está más que demostrado que las vacunas no solo son seguras, sino que salvan vidas.

Es además deber del Estado cuidar a sus ciudadanos. Debemos recordar que nuestros hijos no son “nuestra propiedad” y no viven aislados, forman parte de una sociedad. ¿Acaso podemos decir que está mal que el Estado intervenga en los casos de violencia doméstica? No, porque el Estado tiene el deber de proteger a los niños y niñas, aunque sea de sus propios padres. En esa misma línea, no se puede permitir que los padres pongan en riesgo la vida de sus hijos y de toda la comunidad.

Entre el hacer político y el “gobierno por internet”

Previous article

Sembrando el pánico

Next article

You may also like

Comments

Leave a reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

More in Ciencia