Memoria

Sacrificios chimús: ¿Es la muerte germen de vida?

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Por: Alejandro de la Fuente

¿La vida y la muerte son como la experimentamos actualmente y desde nuestra cosmovisión cultural? ¿Y qué tal si no?

¿Qué era la muerte para las sociedades antiguas de Perú y México? Según el historiador mexicano Eduardo Matos Moctezuma, “el hombre prehispánico concebía la muerte como un proceso más de un ciclo constante y a la sangre como un elemento vital generador de movimiento”. Nacimiento y muerte, unidad indisoluble.

Partiendo de esta premisa revisaremos el sacrificio de niños de manera masiva, el cual fue uno de los puntos en común que han hallado arqueólogos en ambos territorios.

El sacrificio, no era simplemente la interrupción de la vida del otro. Era convertir la acción en algo sagrado: establecer un nexo con los dioses. Para ellos, la muerte era germen de la vida. Solo así podríamos explicarnos el entierro masivo de niños y animales, ellos eran el germen para comenzar todo otra vez.

Empecemos cronológicamente. Hace 40 años, el equipo de arqueólogos que trabajaba en las ruinas del Templo Mayor de Tenochtitlan, en México, anunció el hallazgo de los restos de un sacrificio ritual masivo de niños. Los estudios posteriores, dieron luces de un sacrificio de tiempos del primer Moctezuma, allá por mediados del siglo XV. Se hallaron huesos de al menos 42 niños, de entre tres y ocho años, junto a jarras de Tláloc, dios de lluvia y la fertilidad mexica. No fue coincidencia.

En nuestro país, en la costa norte, un equipo de arqueólogos ubicó entre la arena y el barro los restos de otro sacrificio ritual masivo de niños. Sus esqueletos, descubrieron los investigadores, yacían junto a restos de llamas. Los restos alcanzaron la cantidad de 200 infantes.

Los arqueólogos que lideraron ambas excavaciones, el mexicano Leonardo López Luján y el peruano Gabriel Prieto, se conocieron hace un par de años en el centro del mundo, en Quito. La semana pasada coincidieron en un evento organizado por el Colegio Nacional, en Ciudad de México.

Prieto presentó los resultados de su excavación. Es doctor en arqueología por la Universidad de Yale y actualmente profesor asistente en la Universidad Florida. Prieto explicó que la ceremonia chimú, donde auténticos expertos en anatomía sacaron el corazón a docenas de infantes y llamas, luego de cortar el esternón y abrir la caja torácica, fue producto de un fenómeno meteorológico.

Se sabe que, en aquella época, hace más de 500 años, lluvias torrenciales azotaron la región (Fenómeno El Niño) y los chimú sacrificaron a los pequeños para que las aguas pararan. De hecho, los investigadores encontraron una gruesa capa de barro que sugiere que hubo lluvia en el momento mismo del sacrificio.

“Sabemos que el arma que usaban para hacer los sacrificios eran cuchillos de metal conocidos como tumis”, explica Prieto. Los investigadores sugieren que los niños, provenientes de diversos grupos étnicos, fueron preparados con anticipación para el gran momento del ritual en Chan Chan, un sitio arqueológico cercano, declarado patrimonio de la humanidad.

La concepción de la vida y la muerte nunca ha sido estática en la historia de la humanidad. ¿Por qué pensar que se rige bajo cánones teológicos que nos gobiernan en la actualidad? Y si nos ponemos nietzschianos… ¿no estamos ante interpretaciones más que hechos? Una pregunta válida para todo tipo de concepción.

— sigue a Plaza Tomada.

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