Opinión

Quien a cono mata, a cono termina

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Por: Eduardo Abusada Franco

Hace unos días, el excongresista fujimorista Carlos Tubino, quien siempre tuvo comentarios discriminatorios, homofóbicos, matonescos… el excongresista que se sentía todopoderoso, que amenazaba por redes medio a mundo con que los iba a enjuiciar y “partir la cara”, el que era y es parte de la compleja red que busca la impunidad… fue agredido por ciudadanos de a pie. Ya antes fue vilipendiado, rechazado e insultado en su propia tierra cuando viajó allá.

Como todo el país vio, alguien con una afortunada puntería le dio con un cono en la cabeza. Siendo sinceros, tampoco era tan difícil la hazaña: el blanco era de considerable tamaño.

Tratemos de desmenuzar el hecho. No resulta para nada extraño que actos como éstos sucedan en todos los tiempos y en todos los pueblos. Veamos:

Gadafi, por ejemplo, arrastrado por la gente, deformado su rostro a golpes, sodomizado incluso. (Aunque en su caso, sus opositores fueron apoyados por gente tan cruel y sanguinaria como el dictador libio).

El caso más conocido quizás sea el del fascista Mussolini, fusilado por el pueblo al que sometió y colgado su cuerpo de los pies en una gasolinera para que lo vea todo aquel que quiera comprobar con sus propios ojos la muerte del otrora todopoderoso dictador italiano, quien decidía la vida o la muerte de sus ciudadanos.

Imposible dejar de mencionar a Luis XVI, el absoluto rey de Francia, capturado en plena huida al ser reconocido por un campesino al estar su cara acuñada en una moneda. Él y su reina, la apasionante María Antonieta, terminaron bajo el fijo de la guillotina sublevada. Al igual que el implacable zar Nicolás y su familia, fusilados por la plebe alzada en armas.

Podemos citar algunos casos en el Imperio Romano, pero a lo que voy es la lección que dejan estas escenas. ¿Está bien que hayan sucedido finales tan sangrientos? En un plano ideal, no. No me gustaría ver gente asesinada por motivos “políticos”. Pero visto fríamente, es casi un acto reflejo de la humanidad. Cuando la autoridad empieza a ejercer su poder con desdén, arrogancia, corrupción, asesinando, sometiendo al pueblo groseramente… esas autoridades solo terminarán siendo acicate para su propio fin. Es causa y efecto. Es sangriento, pero así ha pasado y así pasará. Tarde o temprano, el pueblo hará justicia por mano propia. Y muchas, muchas veces, con gran sed de sangre.

Vale también salvar las distancias, pues Tubino está muy lejos de haber alcanzado el nivel de poder de los personajes citados. El fujimorista se comporta apenas como un matón que lanza la amenazas, y esconde. Es más, el mismo día en que recibió el cono en la cabezota; ante los insultos de la gente que lo vio pasar, les gritó “¡cállate concha de tu madre, a ver ven pues concha de tu madre!”. Claro está que cuando fueron hacia él, se dio media vuelta y se fue. Al girar la calle recibiría el ya festejado conazo. Podemos ver el video de ello acá:

https://www.facebook.com/ricardo.quispe.129/videos/10215303975012512/

Asimismo, podemos observar también acá, por ejemplo, otros de los insultos donde se las daba de muy malo:

 

La sabiduría popular pocas veces se equivoca. Y sabe que ésta que quien siembra vientos cosecha tempestades; y que, finalmente, quien a hierro mata, a hierro muere. Aunque en esta ocasión se trató un conazo de tránsito… de plástico, no de hierro. El cual, de alguna manera, parecer haberle ocasionado un ataque de sinceridad a Tubino, pues hace tres días dijo respecto a las nuevas elecciones que, por durar poco tiempo el cargo de congresista en este periodo que se avecina, “no podrán recuperar su inversión” y eso “desanima a postular”. Es clara esa suerte de confesión: jamás le interesó el servir a la patria, sino que veía la política como negocio y fuente de ingresos.

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