Por los Caminos

OTRA TELEVISIÓN ES POSIBLE

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El pasado domingo se estrenó la miniserie Los otros libertadores. Contará las hazañas de quienes se rebelaron contra el yugo español antes de la llegada de San Martín. Es pues una serie de contenido histórico transmitida en televisión de señal abierta, por Latina. Hubo mucha expectativa, y hasta donde he podido sondear entre mis contactos, muchos vieron el primer episodio dedicado al curaca de Tungasuca, Pampamarca y Surinama, líder de la Gran Rebelión: el mítico Tupac Amaru II.

Si bien tengo algunas críticas, como que el capítulo duró apenas 50 minutos con casi la mitad del tiempo dedicado a comerciales e innecesarios avances de escenas en cada corte, vale la pena el esfuerzo de hacer televisión de calidad en el Perú. Ya lo vimos también hace poco con la novela-serie peruana —también de contenido histórico— ‘El último bastión’, que incluso está en la plataforma multinacional Netflix.

No solo destaca el hecho de que se hagan series de corte histórico y de buena factura, sino que hay demanda por ello, muchísima gente la ve. Eso rompe la regla no escrita de que los televidentes solo buscan “televisión basura”. Podemos poner varios ejemplos. Recordemos el programa para niños Nubeluz, hecho en nuestro país. La producción fue tan buena y exitosa que se llegó a exportar, llegando a decenas de país, tan exóticos para nosotros como Egipto e Indonesia, por lo que tuvo que ser doblada a varios idiomas. En el plano internacional vale la pena mencionar la serie histórica ‘Yo, Claudio’, producida por la televisión pública británica. Fue un éxito de raiting en su momento y hoy es una pieza de culto. También se transmitió en nuestro país.

Hace años el recordado Pocho Rospigliosi dio popularidad a una frase que, en mi opinión —y sin la intención del buen Pocho, claro está—, entraña un concepto nefasto. Decía el periodista deportivo: “Lo que le gusta a la gente”. Esa idea, con los años, se volvió un canon para los productores televisivos peruanos, pero tomándola por el lado más perverso. Dicha norma tenía por premisa que lo que la gente buscaba era televisión barata, fácil, como para tontos, sin muchas ideas que procesar. La cosa tendría su auge con el inicio del fujimorismo. Montesinos y Fujimori, conocedor de la psicología de masas, pervirtieron —dinero de por medio— los medios de comunicación. A la antiquísima usanza de los emperadores romanos, le dieron al público más circo que pan.

De los 90 en adelante, queda en la mente de la gran mayoría de productores televisivos que lo vende es el morbo, lo chabacano: la tele basura. Ni siquiera se esfuerzan por intentar algo novedoso a ver qué pasa. La mínima inversión y el mayor ingreso.

Hace unos tres veranos, como parte de un colectivo antirracismo, un programa de televisión me invitó a hacer una visita a la playa Naplo. El verano anterior se habían reportado actos de discriminación, colocando incluso una cuerda en el mar para separar las aguas: en un lado estaban los “cholos” y en el otro los “blancos con plata”. Disculpen, no voy a usar eufemismos. Así tal cual era la cosa. La cosa es que cuando fuimos ya no había tal cuerda y si bien había algún obstáculo para pasar entre las playas, digamos que la cosa había mejorado. Las barreras de años anteriores habían bajado. La reportera no sabía qué hacer, pues la premisa era que iba a encontrar actos de discriminación. Llamó a su productor, conocido en el ámbito de la tele farandulera, y éste la instruyó para que busque gente del lado “no pituco” que estén en tragos, para pasarlos al lado de los platudos, y hacer algo de movimiento y filmar. Yo, que había hecho periodismo, y entiendo que la noticia no se fabrica, le dije pues “¿Por qué no haces una nota con la verdad, diciendo que el asunto está un poco mejor?”. Este es solo un pequeño acto del que fui testigo (tengo otros) donde lo que los productores buscan es el escándalo, el morbo, la ramplonería.

Esto, pues, genera una sociedad estúpida. Si bien la escuela es el primer agente de educación, mucha fuerza tiene la televisión. Entra sin mayor dificultad por dos canales: vista y oído. La tele se vuelve en un poderoso agente educador, de formación de la personalidad y de personajes como modelos a seguir. Así, si llenamos la cabeza de los televidentes y niños de basura, pues tendremos una sociedad con un pensamiento colectivo basura. Es como la alimentación, si comes puras frituras, no esperes tener una buena salud. La mente es igual, depende su estabilidad, salud y paz de con qué contenidos la carguemos.

Podemos adaptar para la tele lo que decía el gran periodista Pultizer para el periodismo: “Una prensa cínica, mercenaria y demagógica producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico”. Por ello aplaudo que se estén intentando producciones de calidad que estén teniendo acogida del público.

Por: Eduardo Abusada Franco

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