Desde el SurEconomía

Mitos y verdades sobre la política económica del ‘chino’ Velasco

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Por: Alfonso Bermejo Villa

Escribir sobre el gobierno del general Juan Velasco Alvarado no es tarea sencilla, principalmente por dos razones: por un lado, la data es escasa, o se encuentra agrupada en quinquenios o decenios que no se corresponden con los periodos de gobierno; y, por otro, por la polarización existente por los aciertos – o desaciertos – de dicho gobierno. En este sentido, este artículo intentará brindar algunas luces sobre la evaluación de las principales variables económicas y sociales del período velasquista, y presentarlas de manera comparada con algún periodo previo – o posterior – que permita una mirada más amplia.

El «chino» Velasco llega al gobierno a través de un golpe de estado militar en octubre de 1968 contra el gobierno democrático de Belaunde Terry. El gobierno inicia con ello reformas estructurales en el país. Se inicia un periodo de nacionalización y estatización de los sectores estratégicos, y de creación de empresas estatales, como es el caso de PetroPerú, CentrominPerú, SiderPerú, entre otras; y, se rompe con la estructura socio-productiva de explotación del campesinado por parte de la oligarquía, teniendo como hecho cúspide, cuando el 29 de junio de 1969, mediante el Decreto Ley 17716, se dispuso la reforma agraria bajo el lema «campesino, el patrón no comerá más de tu pobreza».

Algunas variables económicas

 A continuación, se analizarán las principales variables económicas, con la idea de valorar la eficacia del gobierno en mejorar el bienestar general.

  1. Crecimiento del PBI (% anual)

Fuente: Banco Mundial

En cuanto a la variación porcentual anual, el promedio de crecimiento durante el período 1968-1975 fue de 4,95% (no incluye 1968). El promedio es inferior al del conjunto de países Latinoamericanos, con un 6,67%. Únicamente en 1974, el de mayor auge del período velasquista, se logró estar por encima de ese promedio, año en el que se registró un crecimiento de 9,25%. De acuerdo con las memorias del BCRP[1], el crecimiento de 1974 se debe a la expansión del sector construcción y conexas, del sector industria (con gran cantidad de insumos importados) y la recuperación del sector pesca. Asimismo, precios favorables de productos exportables como el zinc, cobre, plomo, hierro, plata y azúcar. Menciona, además, su preocupación por el estancamiento de la producción del sector agropecuario. Para 1975[2], se da un crecimiento mayor en el sector secundario o de transformación (principalmente el sector manufactura), con un aumento de 8,1%; el sector primario se contrajo un 4,2%, y el sector terciario o de servicios, creció un 3,9%. Estos datos indican un incipiente cambio en la matriz productiva, dando impulso a la industrialización por sobre el sector de materias primas. Es importante recordar, sin embargo, que proyectos como el Oleoducto Norperuano y Cuajone, que eran parte de la panificación del gobierno, tuvieron retrasos y recién estuvieron operativos durante el gobierno siguiente.

 

En cuanto a la composición del PBI por sectores productivos:

 

Durante el período se mantuvo la composición del PBI, el sector manufactura el que mayor aporte al PBI realiza. Hasta el año 1971 era el sector minería el segundo en importancia, siendo reemplazado por el sector comercio; el cual, inclusive, pasa a ser el sector de mayor importancia en 1979. El sector agropecuario no modificó su importancia relativa dentro del aporte a la producción nacional.

Uno de los mitos más escuchados entre el stablishment económico es que el velascato destruyó la producción agrícola; sin embargo, Pedro Francke, en su artículo «Velasco y la economía» sostiene que «entre 1968 y 1975 la producción agropecuaria peruana creció al ritmo de 2,5 por ciento anual, nuevamente más que el 2,3 por ciento que registró durante el primer belaundismo (y ese mismo ritmo del 2,3 por ciento se observó en promedio en los 18 años previos a la Reforma Agraria)». Los datos aportados son importantes porque demostraría que la transferencia de la propiedad al campesinado, con bajos niveles de capacitación e industrialización, no sólo no afectó la producción, sino que – además – pone fin a la idea que la producción agrícola prevelasquista era eficiente, o – al menos – más eficiente que con Velasco.

 

  1. PBI per cápita (USD a precios actuales)

 

El ingreso per cápita, en 1968, año del golpe militar de Velasco, era similar al de 1965, USD 442 y USD 433, respectivamente. Debido al proceso de industrialización, con el consecuente aumento del gasto público, los niveles de ingresos aumentaron, llegando en 1975, a ser de USD 1.078; es decir, crecieron – en 7 años – un 144%. Es en 1990 que el PBI per cápita vuelve a los niveles de 1975. Para que nos hagamos una idea, durante el fujimorato, donde se inician los cambios a un modelo neoliberal (venta de activos, política de austeridad y recorte de derechos), el crecimiento del PBI per cápita (1990-2000) fue de 67%, de USD 1.178 a USD 1.967.

Si comparamos estos datos con América Latina, vemos que el Perú se encontraba prácticamente en la misma línea de evolución, hecho que se estanca con el golpe de Estado de Morales Bermúdez, y luego continúa el mismo recorrido, pero por debajo de la media latinoamericana.

Adolfo Figueroa, en su artículo «La cuestión distributiva en el Perú» señala que, a precios de 1970 (=100), «el ingreso per cápita de 1993 (=79) es apenas similar al de 1961 (=79,6) y es equivalente sólo al 70% del valor alcanzado en 1975 (=111,1). La pauperización global ha sido pues drástica. Si se compara el ingreso per cápita medio de cada régimen presidencial, y se toma el de Morales Bermúdez como base (1976-1980: 100), la mitad de la pérdida ha ocurrido durante el gobierno de Fujimori (1991-1993) y la otra mitad en los gobiernos de Belaunde y García, en magnitudes similares».

B.1. Ingresos laborales

Figueroa (1995) encuentra – además – que los salarios reales (1985=100), del sector privado, muestran una caída constante a partir de 1975. Por poner algunos ejemplos, el ingreso en 1992 era el 24,5% del salario real de 1975 y el 49,4% de 1985. En cuanto al salario mínimo, teniendo como base también el año 1985, el ingreso real promedio en el sexenio (1970-1975) fue de 223%, y en el trienio fujimorista (1990-1992), de 32,2% en promedio.

  1. Desigualdad

Pilar Gangas (2003)[3] hace un análisis de la evolución de indicadores sociales; entre ellos la desigualdad, recogiendo datos sobre el índice de Gini. Debido a que la información no corresponde al período de análisis, se presentarán aquellos comprendidos en el decenio de los años 70.

 

La media del índice de Gini, para 1960, era de 0,507. Como se puede observar en el gráfico anterior, Perú es el país que mayor desigualdad tenía en la región, con un índice de 0,618, es decir, +0,111 respecto a la media. Para 1970, después de anunciada la Reforma Agraria, el Gini nacional se reduce a 0,55 (-0,068) y ya se encontraba sólo 0,038 por encima de la media (0,512). Finalmente, en 1980 (se incluye el periodo de Morales Bermúdez), el Gini era de 0,427, -0,123 respecto al decenio anterior, pasando a estar 0,053 por debajo de la media de los países registrados (0,480). Para tener una idea referencial con periodos posteriores, en el año 2000, en el cual Alberto Fujimori renuncia a la presidente después de consolidar el modelo económico, el índice de Gini – de acuerdo con el Banco Mundial – era de 0,491, es decir, que la desigualdad era mayor (+0,064) que al final del período de los gobiernos militares. Es recién en 2018, que el Perú alcanza nuevamente un nivel de desigualdad similar al de 1980. Aunque el período analizado comprende los años de gobierno de Morales Bermúdez, la reducción de la desigualdad es producto – básicamente – de las políticas del velascato.

Otra forma de ver la evolución de la desigualdad es observar la concentración de los ingresos; estructurando la sociedad por quintiles. En este sentido, el quintil con mayores ingresos concentraba un 68,2% en la década de los 60, siendo el país de América Latina donde había mayor concentración. Al inicio de los 80, la concentración pasó a ser del 54% (no se tienen datos para el inicio de los 70), pasando a ser de los países más igualitarios, solo por debajo de Costa Rica y Venezuela. Por su parte, el quintil inferior, en la década del 60 concentraba el 4% de los ingresos, pasando a inicio de los 80 a concentrar el 6,2%. Aunque el aumento parece limitado, Perú pasó a ser el país donde se registraron los mayores avances.

Por su parte, de acuerdo con cálculos de Richard Webb, para 1961, el 1% más rico en el Perú (los propietarios) concentraban el 31% del ingreso nacional. El decil más alto, el 53%. Por el contrario, el tercio más pobre acumulaba el 5% del ingreso. Figueroa señala, que para finales de los 60 y principios de los 70, a pesar de las políticas realizadas durante el gobierno de Velasco para disminuir la desigualdad, como la nacionalización – y estatización – de empresas en manos extranjeras, la reforma agraria o el reparto de dividendos en las empresas privadas, el efecto redistributivo no fue muy significativo.

  1. Empleo

En el documento «Consecuencias económicas de la “revolución” de Velasco»[4], elaborado por el liberal Instituto Peruano de Economía (IPE), se hace referencia a que durante el periodo velasquista, la cifra de empleados públicos habría pasado de 197 mil en 1969, a 291 mil en 1972 y a 359 mil en 1978 (se incluyen 3 años del gobierno de Morales Bermúdez); es decir, un aumento de 54,9%, aproximadamente, en 10 años. Tal como se presentan los datos, sabemos que esa cifra se fue incrementando, conforme a la creación de empresas públicas, algo que ya hemos mencionado. Pero analicemos algo más esos datos, según el INEI, la PEA nacional, para el año 1972, fue de 4,4 millones de trabajadores[5]; es decir, que los empleados públicos constituían aproximadamente el 6,6% de la PEA. Para 1978, suponiendo un crecimiento anual de 150 mil trabajadores aproximadamente, la PEA se situaría en 5,3 millones, por lo que el empleo público representaría el 6,8% del total. Si lo vemos comparativamente, en el año 2000, de acuerdo con boletín de Ciudadanos al Día[6], el número de empleados públicos era de 1.073.146, y la PEA, de 11.227.834; aproximándose al 9,6%. En conclusión, en el año 2000 existían más trabajadores públicos que en 1972.

 

Ya que hablamos de empleo, es importante tratar la evolución de la productividad. En este sentido, como señala Krugman (1944): «La productividad no lo es todo, pero lo es casi todo en el largo plazo. La habilidad de un país para mejorar sus estándares de vida depende casi enteramente de su habilidad de aumentar su producción por trabajador». Se presentan dos datos; por un lado, la productividad laboral[7], y la productividad total de los factores (PTF)[8]:

Fuente: Universidad del Pacífico (Céspedes, Lavado y Ramírez Rondán)[9]

De acuerdo con estos datos, la productividad laboral encuentra sus puntos elevados en los años 1973 y 1974; y a partir del 2003 aproximadamente, con un crecimiento constante. En cuanto a la PTF, el índice experimenta una creciente evolución hasta 1974 aproximadamente, año en el cual comienza a disminuir sostenidamente, tocando el punto más bajo a principios de los años 1990, donde el impulso de la inversión privada origina un incremento en los índices de productividad. En el año 2010, el PTF se encontraba al mismo nivel que el mostrado en la primera mitad de 1950.

***

Para analizar el desempeño económico, partiré de la visión país que tenían organismos internacionales como el Banco Mundial (Informe de 1974)[10], el cual señalaba que, desde el año 1968, el gobierno había seguido una estrategia de desarrollo basada en el crecimiento económico, ligado a profundas transformaciones sociales mejorando la participación popular en la vida política, económica y social. Asimismo, resalta las medidas impulsadas para disminuir las desigualdades existentes en la distribución de la riqueza, y las oportunidades, entre las clases sociales y las regiones geográficas.

Destaca – además – el proceso de industrialización del país, el cual implicó una fuerte inversión en infraestructura y un aumento en la importación de bienes de capital, lo que llevó – como consecuencia lógica – al aumento del déficit fiscal y de la inflación. Aunque el informe señalado menciona la necesidad de mantener indicadores macroeconómicos manejables, expresa su satisfacción por lo realizado, inclusive llamando a la comunidad internacional a mantener la confianza en el país a través del otorgamiento de préstamos en condiciones favorables. En un principio, hasta el año 1973, los términos de intercambio parecieran ser propicios, lo que se refleja en la balanza comercial positiva; sin embargo, posterior a la crisis del petróleo (1973) esta tendencia se revierte. Las memorias del BCRP reflejan el encarecimiento del petróleo, los mencionados bienes de capital y los alimentos. Por su parte, los bienes exportables, como el cobre, reducen su cotización en el mercado. Con el fin de mantener ventajas para la importación de los bienes, el gobierno había mantenido un tipo de cambio bajo devaluando recién en 1975, debido a que el Estado había consumido una parte importante de sus Reservas Internacionales Netas (RIN).

Dentro de las recomendaciones planteadas, el BM destaca que, para alcanzar los objetivos de desarrollo, el país tendrá que aumentar rápidamente los niveles de ahorro, reducir la importación de bienes de consumo (aumentar la productividad agropecuaria) y obtener apoyo externo a través de créditos en condiciones favorables.

A menudo, el stablishment económico plantea como el inicio de todos los males (durante la década de los 80) a las reformas implementadas durante el gobierno de Velasco; sin embargo, hemos podido demostrar que las medidas lograron un mayor bienestar en la población (salvo para la oligarquía). Para el neoliberalismo, dada la imposibilidad de cuestionar las mejoras durante el período velasquista, es importante posicionar el discurso que las crisis sucesivas tienen su origen en ese período, ya que – con ello – la política económica neoliberal se erigía como la única opción posible. La crisis actual ha hecho – aún más visible – que la implementación de un modelo económico excluyente no es una opción válida, lo cual es corroborado, además, por la crisis económica y social de nuestro vecino sur.

 

Fuentes: 

[1] http://www.bcrp.gob.pe/docs/Publicaciones/Memoria/Memoria-BCRP-1974.pdf

[2] http://www.bcrp.gob.pe/docs/Publicaciones/Memoria/Memoria-BCRP-1975.pdf

[3] https://www.redalyc.org/pdf/267/26702002.pdf

[4] http://ipe.org.pe/wp-content/uploads/2009/07/revolucion20velasco.pdf

[5] https://repositorio.iep.org.pe/bitstream/IEP/548/2/verdera_elempleoenelperu.pdf

[6] http://www.ciudadanosaldia.org/images/investigacion_y_publicaciones/boletines_cad/b1/BoletinCAD1_Planilla.pdf

[7] «Se mide como el producto bruto interno (PBI) por hora trabajada o por persona empleada».

[8] «Se calcula como el residuo luego de descontar del crecimiento económico la contribución ponderada de los otros factores de producción considerados (capital, trabajo, insumos intermedios, etc.)».

[9] http://repositorio.up.edu.pe/bitstream/handle/11354/1083/C%C3%A9spedesNikita2016.pdf

[10] http://documentos.bancomundial.org/curated/es/683591468079733252/pdf/multi0page.pdf

 

Maria Estuardo de Stefan Zweig

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