Por los Caminos

LOS NAZIS NO SE HAN IDO

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La historia muchas veces es una repetición. Cambian los ropajes, pero los sucesos parecen tener el mismo fondo. Y, mi mamá, que en cosas de la vida muchas veces le atina, suele decir, “piensa mal y acertarás”. Yo me resisto a ello, pues trato de ver el lado bueno de las personas y la vida; pero la realidad suele darme trancazos en la cara. Hace unas horas leí una noticia que me trajo algunos recuerdos. De un recinto del Ejército en Chile han sido robadas 50 armas. Sin violencia, de manera simple, sin ruido. Casi como si alguien hubiera cooperado. El hecho está en investigación.

En 1970 el Comandante en Jefe del Ejército chileno era el general René Schneider Chereau, nombrado por el presidente Eduardo Frei. Era conocido su apego a la Constitución. Al igual que Pinochet, habían jurado respeto a la constitucionalidad. Pero Schneider sí tenía palabra. Era año electoral, y por fin la coalición de izquierda, la llamada Unidad Popular, iba a ganar con el querido Salvador Allende, quien sería el compañero presidente.

Los grupos radicales no saben, en ningún tiempo y espacio, respetar los códigos de la democracia. Había que levantar a los cuarteles contra el inminente triunfo de Allende. Tal era la consigna de la extrema derecha. Pero había un duro obstáculo: la tenacidad y firmeza del comandante Schneider. Declaró púbicamente, en sendas ocasiones, que el Ejército respetaría la voluntad popular y la Constitución. Era una garantía. Se conoció como “la doctrina Schneider”.

Roberto Viaux, otro militar de extrema derecha, que manejaba grupos de neonazis dispuesto a todo, empezaron a sembrar atentados. Entre esos fanáticos estaba Enrique Arancibia, conocido terrorista que luego fue jefe de la policía de Pinochet. Se planeó el secuestro de Schneider en coordinación de la CIA. Kissinger, el gran titiritero de la política exterior estadounidense de entonces, dio la orden. El curtido militar chileno era un objetivo a eliminar para los intereses del Tío Sam. Esto no es teoría conspirativa. Hay archivos desclasificados que lo prueban. El premiado documental de Patricio Guzmán, llamado ‘La batalla de Chile’, también da cuenta de lo sucedido. Allí se narra que las armas con que se cometió el crimen entraron por valija diplomática norteamericana.

Este grupo de fanáticos jóvenes neonazis, la mañana del 22 de octubre de aquel año, cercaron el auto del general. Schneider, militar hasta el fin, desenfundó su arma para contraatacar. Los pistoleros lo cosieron a tiros. Allende asumió el cargo, pero, como sabemos, también fue acorralado por la vía de las armas, hasta morir. En su último discurso, en pleno bombardeo del Palacio de la Moneda, recordó al general asesinado: “… el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que le enseñara Schneider…”.

Cuidado, Gabriel Boric, la historia es cruelmente circular.

Por: Eduardo Abusada Franco

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