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LOS INCAS Y EL CORONAVIRUS

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Por: Jesús Miguel Céspedes Aponte

La principal riqueza que poseía un Inca eran sus millones de súbditos, llamados hatunrunas, quienes obligatoria y rotativamente cumplían con diversas labores productivas en beneficio del Estado incaico, o engrosaban las filas de su ejército. Gracias a este sistema, conocido como mita, el Inca siempre contó con abundantes soldados y bienes, sean estos agrícolas, pecuarios, manufacturados, etc.

Las ingentes cantidades de maíz, papa, chuño, quinua, charqui, lana, herramientas, armas, ropa, calzado e incluso artículos de lujo, eran cuidadosamente colocadas en las diversas colcas, unos edificios generalmente hechos de mampostería cuya base podía ser circular, rectangular o cuadrangular. En su mayoría se ubicaban en las laderas de las montañas andinas, a fin de aprovechar los vientos locales en aras de la mejor conservación de los bienes agrícolas. Justamente por esto último contaban con pequeñas ventanas y canales de ventilación debajo del piso.

¿Hongos, bacterias e insectos al acecho? Por supuesto, pero fueron combatidos con plantas como la muña y el molle, la primera protectora ante hongos y bacterias, y ambas muy efectivas para repeler insectos. En otras palabras, los incas conocieron y supieron utilizar controladores biológicos de plagas.

Para realizar la contabilidad de lo que entraba o salía de las colcas se recurría a la yupana, la calculadora andina, y para registrar la información obtenida se hacía uso del quipu. Al respecto, hay que subrayar que gran parte de lo depositado en las colcas era redistribuido por el Estado incaico entre los mitayos, como los militares, y entre el pueblo en general con ocasión de las fiestas ceremoniales o durante las emergencias, principalmente alimentarias, que en la serranía eran provocadas por las frecuentes heladas, granizadas o sequías. Tenía pleno sentido: si la principal riqueza del Inca eran los hatunrunas, lo más lógico era procurar que estén bien alimentados y seguros. Los incas, por lo tanto, comprendieron un principio básico que el capitalismo neoliberal ha olvidado: las personas producen más y mejor si se encuentran bien alimentadas y seguras.

Sé perfectamente que el Estado incaico no debe ser objeto de idealización alguna. A cada una de las etnias que conquistó le exigió tierras cultivables, pastizales, ganado y sobre todo fuerza de trabajo, incluyendo el servicio militar, todo lo cual resultaba muy oneroso para aquellas. Al fin y al cabo, si las colcas siempre estaban llenas era gracias a la disponibilidad de esos recursos exigidos a los pueblos sometidos, y ello explica por qué muchos de sus gobernantes, los curacas, decidieron aliarse con los españoles cuando estos irrumpieron en el Tahuantinsuyu…

Pese a ello, es innegable que dos de las virtudes más admirables de los incas fueron la previsión y la planificación. El Estado que implementaron, consciente de su dependencia de la vitalidad de los hatunrunas, siempre procuró garantizar su buena alimentación y seguridad, incluso durante las emergencias. Si nuestros gobernantes y nuestras élites económicas hubiesen sido previsores y planificadores como los incas, si hubiesen entendido que la principal riqueza de un país es su gente, el pueblo peruano no habría resultado tan golpeado por la actual pandemia.

El coronavirus nos ha infligido una muy dolorosa lección al llevarse a más de 70,000 de los nuestros, y el recuerdo de lo que hicieron los incas podría ayudarnos a aprender, enmendar, innovar y avanzar.

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