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Las pandemias, sombras de la Copa América

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La pandemia del coronavirus detuvo el fútbol en casi todo el mundo. Salvo en países pequeños como Nicaragua, todos los campeonatos del planeta, desde ligas locales hasta torneos continentales de clubes, tuvieron que detener su marcha en marzo. En la liga italiana y la Copa Libertadores de América se optó por jugar sin público. El crecimiento exponencial de los casos y las muertes obligó a hacer una pausa hasta nuevo aviso. Algunas ligas fueron más radicales: en Francia y los Países Bajos decidieron dar por finalizada la temporada futbolística y declarar campeones a quienes eran primeros en la tabla de posiciones. En junio, las ligas europeas retomaron la actividad, aunque con los estadios vacíos para evitar contagios.

Junto a la Eurocopa, el único torneo de fútbol de selecciones que tuvo que postergarse hasta el año siguiente es la Copa América. Esta se iba a realizar en junio y julio pasados, en Argentina y Colombia. Su realización estaba criticada desde antes de la pandemia, porque apenas hace un año se celebró la última edición en Brasil, en la que el equipo anfitrión resultó campeón. La excusa era que se alineaba con el cronograma cuatrianual de las competiciones de selecciones de otros continentes, así como en 2016 se justificó una edición extraordinaria en Estados Unidos, por tratarse del año del centenario del máximo torneo sudamericano. En ambos casos, el negocio era el interés tras bambalinas.

No es la primera vez que una emergencia sanitaria mundial posterga una competición organizada por la Confederación Sudamericana de Fútbol, ahora conocida como Conmebol. Hace un siglo, la pandemia de la gripe española hizo lo suyo.

En julio de 1916 se estrenó en Buenos Aires el Campeonato Sudamericano de Fútbol, hoy llamado Copa América. Es el torneo de selecciones más antiguo del mundo en vigencia, y el segundo después del desaparecido British Home Championship, disputado por Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, que dejó de disputarse en 1984. En esa primera edición participaron Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Esta última se proclamó campeona, en la modalidad de todos contra todos, tras empatar con los anfitriones y vencer a los demás rivales. Los dirigentes de las federaciones participantes fundaron, en plena realización del torneo, la Conmebol.

Al año siguiente, entre septiembre y octubre, el Campeonato Sudamericano se mudó a Montevideo. Con las mismas selecciones, Uruguay inició una tradición que ha mantenido en su historia: torneo en el que es sede es torneo que gana. Esta vez venció a todos sus rivales, y consiguió puntaje perfecto. La Conmebol había acordado que los Campeonatos Sudamericanos se realicen cada año. En 1918, la tercera edición tendría lugar en Brasil.

El país del samba se alistaba para la celebración de un nuevo torneo. La pandemia de la mal llamada gripe española, iniciada en febrero de 1918, obligó a la Conmebol a postergar la cita futbolística sudamericana. En todo Brasil se registraron más de 300 mil muertos. El fallecido más celebre fue Francisco de Paula Rodrigues Alves. Presidente de la República entre 1902 y 1906, fue elegido de nuevo en marzo de 1918. Iba a asumir el cargo en noviembre, pero en octubre contrajo el virus, lo que le costó la vida.

Pese a las desgracias que trajo la pandemia a Brasil, los dirigentes de su federación de fútbol no se durmieron en sus laureles. Dispusieron la ampliación del Estádio das Laranjeiras, en Río de Janeiro, a un aforo de 18 mil espectadores, y fue la sede del Campeonato Sudamericano, que tuvo lugar en 1919. Esa previsión sería una escuela con la que Brasil se preparó para organizar, tres décadas después, una Copa del Mundo. Volviendo a la competición sudamericana, la selección anfitriona terminó igualada en cinco puntos con Uruguay, dejando atrás a Argentina con dos unidades y a Chile con cero. El partido de desempate tuvo una duración de casi uno de tenis: tras la igualdad a cero en los noventa minutos, se fueron a tiempos extra de treinta minutos. En aquellos años no estaba reglamentado que estos duren quince minutos, y no había definición por penales. Al minuto 122, Arthur Friedenreich marcó el gol triunfal de los brasileños, que se hicieron de su primer título internacional. Friedenreich, hijo de un empresario alemán y una lavandera brasileña (esta a su vez, hija de esclavos libertos), fue quien abrió el camino para que los afrobrasileños sean aceptados para practicar el deporte rey en Brasil, por ese entonces reservado para las élites blancas.

¿Qué pasó con el fútbol en el resto del mundo? En aquellos años no todos los países tenían ligas nacionales y no había competiciones de gran convocatoria como la Copa Libertadores y la Champions League, por citar algunos casos. La mayoría de los futbolistas eran aficionados, y en pocos países como Inglaterra y Escocia había fútbol profesional. Los países que participaban en la Primera Guerra Mundial, como la propia Inglaterra, junto a Francia, Italia y otros de Europa del este, tenían suspendidos sus campeonatos desde antes de aquella conflagración, y recién los retomarían en la segunda mitad de 1919, con la pandemia encima. Otros no involucrados en la guerra, como España, realizaron su Copa del Rey sin problemas. En América del Sur, Argentina y Uruguay, por citar algunos casos, continuaron con sus ligas. No hay información histórica de que, excepto el Campeonato Sudamericano de Fútbol, otro torneo haya sido suspendido por causa de la gripe española.

Otra competencia de selecciones suspendida en Sudamérica fue la eliminatoria para la Copa del Mundo de 2022 en Qatar, cuyo inicio estaba programado en marzo. La Conmebol, en coordinación con la FIFA, ha dispuesto que empiece en octubre. Lo apretado del calendario de la eliminatoria podría generar que esta edición postergada de la Copa América no se dispute, y esperemos hasta 2024 para volver a ver esta competición. Con pandemia o sin ella, sería lo mejor. El fútbol es la cosa más importante de las menos importantes, dicen que dijo Jorge Valdano. Y dentro del mismo fútbol, hay cosas más importantes que la celebración de una copa “a la prepo”, solo para obtener algo del vil metal.

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