Vidas e Historias

LA CRUZADA FRATRICIDA

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Por: Jesús Miguel Céspedes Aponte

Los cruzados marcharían a la Serenísima República y, a cambio de 85,000 marcos de plata, serían conducidos por los venecianos a las costas de Egipto, vencerían a los musulmanes y reconquistarían Jerusalén. Tal era el plan de la cuarta cruzada.

Pero una vez reunidos en las afueras de Venecia, no eran tantos como esperaban, y por ello no pudieron reunir la suma pactada, así que Enrico Dandolo, dux de Venecia, ofreció un trato a Bonifacio de Montferrato, hombre de confianza del emperador germánico y jefe de la expedición: si los cruzados ayudaban a los venecianos a tomar Zara – clave para el dominio del Adriático –, podrían pagar después lo que adeudaban y serían transportados a Tierra Santa. Y entonces Zara fue capturada, sin que les importara que no era una ciudad musulmana sino católica. ¿Qué hizo el papa Inocencio III frente a este reprobable hecho? Excomulgó a los venecianos; pero manifestó a los cruzados, a quienes perdonó, que podían seguir en tratos con aquellos, pues sus barcos eran imprescindibles para la continuación de la cruzada…

Se suponía que, ahora sí, la ruta preestablecida sería retomada; mas a Zara llegó un recadero del emperador germánico con un mensaje de Alejo, hijo de Isaac II, exemperador encarcelado en Constantinopla, la capital del Imperio bizantino. El príncipe deseaba que cruzados y venecianos lo ayudaran a hacerse con el poder, ofreciendo a cambio cancelar la deuda que los cruzados mantenían con los venecianos, proveer fondos y provisiones, aportar 10,000 efectivos y, como cereza del pastel, prometió que la Iglesia ortodoxa, nacida en el Imperio bizantino, se reincorporaría a la Iglesia católica. Esto último, lo sabía, era el sueño dorado del papa…

Aceptaron y se dirigieron a Constantinopla – la “Ciudad Reina”, clave para el dominio del Mediterráneo –, donde forzaron que Isaac II y su hijo, que sería llamado Alejo IV, fueran designados coemperadores. Sin embargo, poco les duró a estos la alegría, pues rápidamente pudieron constatar que no podían cumplir con lo acordado, por lo que cruzados y venecianos no disimulaban su creciente frustración, mientras los bizantinos toleraban cada vez menos a dos coemperadores tan atentos a las exigencias de aquellos arrogantes cristianos católicos.

La tensión era extrema y los bizantinos los depusieron, eliminándolos al poco tiempo; pero sobrevino la reacción de los cruzados y venecianos, quienes tomaron Constantinopla y la saquearon con un salvajismo tal que la Cristiandad ortodoxa aprendió a temer a la Cristiandad católica casi tanto como al islam. Peor aún, el Imperio bizantino fue sustituido por un imperio cruzado (1204). ¿Reaccionó el papa ante esta barbarie? La condenó en un principio, aunque finalmente la aceptó como hecho consumado, anulando incluso la excomunión de los venecianos. No obstante, era consciente que lo sucedido haría poco menos que imposible la reconciliación de la Iglesia ortodoxa con la Iglesia católica…

Es cierto que, algunas décadas después, los bizantinos expulsaron a los detestados invasores y resucitaron su imperio (1261); pero este, baluarte del mundo ortodoxo, jamás volvió a ser el mismo, por lo que podría afirmarse que la cuarta cruzada, la fratricida, allanó el camino que conduciría a la conquista del Imperio bizantino por el islam (1453), que a continuación pretendería someter al mundo católico.

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