Vidas e Historias

LA CAÍDA DE LA “CIUDAD REINA”

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Por: Jesús Miguel Céspedes Aponte

Ciudad antiquísima, llamada Bizancio por sus fundadores griegos. Casi mil años después, en 330, Constantino I la refundó como la nueva capital del Imperio romano, una Nueva Roma, por lo que Bizancio comenzó a ser llamada Constantinopla.

En 395 se convirtió en la capital del Imperio bizantino – o Imperio romano de Oriente, para ser más preciso – y en tal condición se mantuvo por siglos, durante los cuales se modificaron y ampliaron las murallas que la protegían, a la par que iba gestando a la Iglesia ortodoxa, cuyas relaciones con la Iglesia católica de Occidente serían más que complicadas: en 1054 se consumó la ruptura y, pese a los afanes de los papas, jamás hubo reunificación…

La ciudad de Constantino llegó a ser la más extensa, poblada y rica de la Cristiandad medieval, la “Ciudad Reina”, tantas veces asediada por los ejércitos, casi siempre no cristianos, que la codiciaron. Aunque, cruel ironía, fueron los católicos de la cuarta cruzada quienes sí lograron tomarla y saquearla en 1204, haciéndolo con tal brutalidad que la Cristiandad ortodoxa aún recuerda hoy ese nefasto episodio. Sin embargo, los cruzados solo pudieron conservarla por poco más de cincuenta años, pues los bizantinos la recuperaron y resucitaron su imperio.

Sabía que esta grandiosa urbe cayó definitivamente en 1453 ante Mehmed II, sultán del Imperio otomano, temible potencia turca y musulmana; mas apenas tenía idea de lo sobrecogedora e impredecible que había sido la lucha hasta que pude ver una buenísima serie de Netflix, un muy recomendable combo de documental histórico + película épica cuyo tráiler les dejo al final de este post. Anímense a verla, no olviden que pocos placeres superan la experiencia de aprender entreteniéndose.

Sin riesgo de spoilearl@s, me despido citando unas palabras del aleccionador texto ‘Significado de la caída de Constantinopla para el Imperio otomano’ (Salinas, 2005), al que pueden acceder tras una simple googleada: «Para el mundo de Oriente […], el Imperio Bizantino seguía siendo el Imperio Romano que brillantemente había llegado a dominar gran parte del Mundo Antiguo, que había llegado a tener relaciones comerciales con India o China, aquel poder mítico que sólo parecía haber tenido problemas ocasionales con Persia. Por lo tanto, […] Mehmet II se consideró legítimo heredero para hacerse de Europa, recogiendo lo que históricamente creía que le pertenecía dada su nueva condición de “César” o Emperador de los Romanos.»

Ver tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=PUk6vBGKrd4

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