Por los Caminos

ISRAEL ASESINA ADOLESCENTES

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Pese al silencio vergonzoso de la prensa afín a Israel, el 11 de mayo el mundo vio con horror el asesinato de la periodista Sherine Abu Aqla a manos de las Fuerzas Armadas de Israel. Aun estando frescas las heridas de su muerte, Israel sigue en su camino de exterminio contra el pueblo palestino.

Hace una semana, con sangre fría, las tropas de Israel realizaron otra operación de invasión en Yenín, al norte de la Cisjordania ocupada. Para tal despojo, usaron como escudo humano a una adolescente palestina. Su nombre, Ahed Mohamad Rida Mereb, de 16 años de edad. Ante la invasión se inició un fuego cruzado con la resistencia palestina. La muchacha, por varias horas, fue puesta delante de un vehículo militar durante los enfrentamientos como barrera contra el intercambio de tiros. “Se disparaban balas contra el vehículo militar desde todas las direcciones. (…) Estaba temblando y llorando y gritando a los soldados que me dejen ir porque las balas pasaban por encima de mi cabeza, pero uno de ellos me ordenó en árabe a través de una pequeña ventana del vehículo militar, ‘Quédate donde estás y no te muevas’. Eres una terrorista. Quédate en tu lugar hasta que te despidas de tu hermano”, recuerda la propia Ahed.

El desprecio por la vida, en especial de niños, adolescentes, mujeres y ancianos, es moneda corriente en las brutales fuerzas de Israel. En lo que va del año, según reporta el grupo ‘Defensa Internacional de Niños’ (DCI), ya son 11 los adolescentes asesinados por Israel, en lo que va del año, en Palestina. Y, desde el año 2000, esta misma asociación ha documentado al menos 26 casos de niños palestinos usados como escudos humanos por Israel.

Es más, apenas este 28 de mayo han asesinado a otro adolescente palestino de 14 años en el distrito de Al-Khader, al sur de Belén, el lugar donde nació Jesús. Se llamaba Ziad Mohamed Ghuneim. Los balazos alojados en su espalda y cuello fueron fatales.  Murió en el hospital. En una sola semana Israel ya va matando a tres adolescentes. Primero a uno de 16 en Nablus y a otro de 17 el sábado pasado.

Cada vida truncada, cada sueño cegado por las municiones israelís se convierten en las almas que seguirán inspirando la resistencia. Los muchachitos que ya no serán padres ni madres; y por ello, no podrán engendrar. La tierra palestina que no podrá parir a sus hijos. Púberes que ya no serán hijos, ni hermanos, ni nietos, ni amigos, ni nada. Ya no serán, más que la furia contenida; serán los dientes apretados; la sangre que riega la fuerza telúrica e inmortal de su tenacidad, la justicia de su causa. El suelo del que brotarán, junto a los olivos, una y otra vez para alzarse ante la invasión. Pero son tantos los crímenes que, también, por momentos, se vuelven solo estadísticas frías pero espeluznantes. Así, desde setiembre de 2000, Israel ya viene asesinando a 2,103 niños palestinos (datos de  B’Tselem, organización israelí de derechos humanos). Terroríficas cifras. Hacia mediados del año pasado, 140 adolescentes estaban presos en cárceles de Israel por detenciones arbitrarias.

Y es que esta es la estrategia de Israel. Quieren eliminar a los palestinos, evitar que crezcan, se hagan adultos, que tengan una familia, que se multipliquen y desarrollen como merece cualquier ser humano en el mundo. No solo es la invasión, es el exterminio.

Por: Eduardo Abusada Franco

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