Por los Caminos

El sensei Lawrence: ¿Un héroe de nuestro tiempo?

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El fenómeno Cobra Kai tiene varias aristas. Una es que, en tiempos en que la opinión pública hiperjuzga, rescata en el sensei Lawrence la figura del antihéroe. Rudo, grosero, bebedor, sin tacto, desaseado. Con él no hay moralismos que valgan. Se burla del veganismo y otros modos de vida “naturistas”. Le encanta la comida chatarra y las malas noches. No es, por ejemplo, antirracista, pero no se puede decir que sea racista. Digamos, es un practicante antirracista antes que un activista. No le ofenden el humor ácido, ni lo seducen las demandas de los colectivos de nuestro tiempo. En buena cuenta, está en contra de los “ismos”; o mejor dicho, no le importan. Lo suyo solo es existir, a su manera.

En muchas maneras, es un fracasado; pero se levanta una y otra vez. Y vuelve a fracasar. Casi le gusta.

Esa moral de Facebook, que te pide la perfección inmaculada, como si los seres humanos no fuesen un cúmulo de errores, procesos y contradicciones, encuentra en Lawrence la roca contra la que se estrella. De hecho, no sabe usar Facebook. Se indignó cuando le explicaron que es el ciberbullying, pues en su tiempo “si queríamos joder a alguien lo hacíamos cara a cara. Había honor, dignidad”.

El tipo es duro, pero también tiene límites. Cree en la violencia. Su violencia, más no en el abuso. Tiene códigos. El honor y la lealtad son sus divisas; y en su manto de virilidad, se esconde una compasión desmesurada y una nobleza que por momentos lo avergüenza. Y en las decisiones finales, en las que importan, aunque su vida vaya de tumbo en tumbo, se inclina por el bien. Por lo que le dicta su corazón. De piedra, pero corazón al fin y al cabo.

En épocas de susceptibilidades inamovibles y comisarios de la moral (infinitas morales), ¿viene a ser Jhonny Lawrence el nuevo arquetipo del héroe… uno real, de carne y hueso, con pasiones y odios, aciertos y errores? En suma, ¿el antihéroe se hizo héroe?

Por: Eduardo Abusada Franco

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