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¿Dónde están los imbéciles?

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Por: Giovanna Constantini

¿Setenta y dos mil infectados? Si mañana se hiciera, solo aquí en Lambayeque, 30 mil pruebas, el 60% podría estar infectado. Las cifras actuales no son reales, son solo la sumatoria del número de pruebas realizadas. No están evaluando a todos los que necesitan descartar y esa es la verdad. Pruebas no hay. Estoy segura que el número de infectados es mayor.

En medio de la impotencia que nos genera el COVID-19, todos estamos buscando a los responsables, me incluyo. Es necesario ir más allá y pasar a una inexcusable reflexión. Nos sentimos indefensos en medio de la esterilidad de nuestro sistema sanitario, solo que esta debilidad y desprotección del sistema de salud pública no nace con el virus, siempre estuvo ahí, agonizante, ante nuestra mirada indiferente porque habíamos naturalizado las muertes de los otros como parte de un sistema capitalista indolente y genocida al que autorizamos con nuestra insensibilidad y con nuestro voto a seguir tratando la salud y educación como una mercancía. Los responsables no están allá, no son ellos a los que desde tu indiferencia los llamas los imbéciles, los ignorantes, los infelices, los idiotas; no, somos todos.

Y ya que la muerte toca a nuestra puerta, no podemos partir de este mundo sin tomar el timón de esta depresión que enfrenta y tiene confrontado a todo un país, entre los que llaman imbéciles a los que salen a ganarse un sencillo para llenar el estómago vacío de sus hijos y los que creemos que el fracaso de este desorganizado plan aplicado por el Gobierno tiene causas estructurales que debemos desnudar en medio de una sociedad estupidizada y deshumanizada.

Existe una conciencia internacional que reconoce el papel actual de la inversión en salud como decisivo para un Estado responsable, por la estrecha relación que existe entre el desarrollo económico y la salud. ¿Y cómo estamos en cifras? Según el Banco Mundial, Perú registra una in,versión per cápita en salud del 3,5% del PBI, muy por debajo del promedio de América Latina y del establecido por la misma Organización Mundial de la Salud, que indica un 6% como mínimo. ¿En qué país vivimos? ¿Estamos haciendo algo mal, no? ¿Dónde están los imbéciles?

Y si nos comparamos con Chile, ellos invierten un 2% más que nosotros. ¡Todos invierten más en salud! Perú, pese a tener los índices más altos de TBC en América Latina y al 50% de nuestros niños sufriendo con una anemia resistente, prefirió invertir millones de dólares en los Juegos Panamericanos. Y si hablamos del sur, Puno enfrenta cada año altos índices de mortandad por los elevados índices de anemia, que equivale al 68% ¿No es acaso una burla? ¿No es acaso una canallada? ¿Y a ellos pretenden ustedes responsabilizar de este canibalismo político? Sí, es canibalismo, porque nos estamos matando unos a otros con tanta indiferencia cruel e idiota, sin la capacidad de ver más allá de lo que muestra el conglomerado de medios de comunicación que funciona como caja de resonancia de este Gobierno que se vale de un amago llamado publicidad.

No perdamos de vista las cifras. De ese 3,5% para la salud, solo entre el 6% y 7% de ese presupuesto va dirigido a la salud colectiva, es decir a la promoción de la salud y la prevención de riesgos y daños en la población. Carecemos de políticas preventivas en materia de salud pública. Según la UNICEF, en países en desarrollo como el nuestro, cada día muere un promedio de 21 niños por minuto por causas evitables.

Y como si esto fuera poco, debemos enfrentar una realidad insoslayable: el 74% de la PEA es informal y del exiguo porcentaje formal 5 millones trabajan de manera independiente, lo que significa que como país enfrentamos esta crisis con una desestructuración social total. ¡Y es a estos millones de peruanos que se les dice, quédense en su casa imbéciles e irresponsables! Por ello, me pregunto, ¿dónde están los imbéciles? Desde la tribuna y con un seguro millonario me imagino que es muy fácil para Vizcarra, pero esta es la realidad que tenemos y que ningún decreto puede cambiar de la noche a la mañana.

¿Todo es COVID-19? ¿Dónde están los diagnósticos? No existen. La verdad es que ni siquiera se está haciendo las autopsias de ley para determinar si una persona murió en realidad por este SARS (síndrome de respiración agudo grave). Y por ahí debemos empezar para terminar con este pánico desmedido inyectado en el inconsciente colectivo.

¿Dónde están los muertos por cáncer? Solo de esta enfermedad mueren al año 8,2 millones de personas en el mundo y antes de que llegue el virus teníamos más de 36 millones de personas con este padecimiento; resulta que estos números se han invisibilizado. ¿Dónde están? ¿Y nuestros enfermos de TBC? Existen y claman por ayuda para no terminar como muertos por coronavirus. Solo en Lambayeque tenemos a un 40% de la población con riesgo de contraer TBC e incluso dentro del personal que labora en el sector salud ya existían casos de esta enfermedad con control epidemiológico.

Me faltaría espacio para enumerar las enfermedades y muertes que existían ya antes del COVID-19, que ahora nadie ve, que no les da la gana de ver. Un elemento más para esta aritmética simple: el año pasado el Gobierno Regional de Lambayeque devolvió el 46% del presupuesto al Estado por incapacidad de gasto. En consecuencia, vivimos los resultados de la incapacidad e ineptitud de toda la estructura política de este país, desde la esfera nacional con un primer ministro trayendo 500 pruebas más que la semana pasada a Lambayeque como máxima expresión.

Los que han participado directa y activamente de la política de este país tienen su cuota de responsabilidad, les fue más fácil hacerse de la vista gorda ante esta ignominia y prefirieron ser parte de la comparsa de este sistema capitalista, inhumano e indolente. Lo avalaron, esa es la verdad. ¿Dónde estaban los partidos políticos del pueblo? ¿Quién puso en la mesa esta problemática? Ninguno. Fue más fácil preocuparse por las menudencias y trivialidades habiendo tantas exigencias.

Hoy más que nunca se hace urgente un cambio constitucional que permita a los postergados, a los sin voz empezar el tránsito hacia una sociedad de bienestar y de una verdadera igualdad. En mi opinión, este deberá ser el paso inicial

Ahí tenemos a los responsables, pero nosotros no escapamos pues con nuestra pereza mental, facilismo y aislamiento cómplice de esta realidad los avalamos cada 5 años sin ser capaces de ver más allá. Hoy, nos han dicho que la muerte está aquí cerca, pues que sirva para de una vez despertar y aprender a valorar lo más elemental de la creación, la VIDA. No hay nada más allá.

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