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Las divisiones entre Estados musulmanes y la causa palestina

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Por: Alfonso Bermejo Villa

La semana pasada, exactamente el jueves 13, la comunidad internacional se vio sorprendida por el anuncio del presidente de Estados Unidos de América (EEUU), Donald Trump, referente al acuerdo de paz entre los Emiratos Árabes Unidos (EAU) e Israel[1], convirtiéndose así en el tercer Estado árabe en normalizar las relaciones, luego de Egipto (1979) y Jordania (1994). Según lo señalado por los actores, este acuerdo habría evitado que el gobierno de Benjamín Netanyahu abandone – al menos temporalmente – la anexión formal de parte de Cisjordania (West Bank), prevista inicialmente para el primero de julio (aunque, de facto, el control lo tiene la fuerza ocupante israelí).

Sin embargo, si analizamos los acontecimientos de los últimos meses podremos observar que el acuerdo no es sorpresivo ni guarda relación con la suspensión temporal de la anexión. En enero, cuando Trump anunció el «acuerdo del siglo»[2], delegaciones de los EAU, Omán y Bahréin estuvieron presentes, siendo esto resaltado por la administración republicana. En ese sentido, estos tres países del golfo avalaban – directamente – aquella propuesta estadounidense tan perjudicial para el pueblo palestino. Los EAU, en la práctica, han servido de excusa para que Israel (y también EEUU) abandone – temporalmente – el deseo de anexión, basándose en el delirante acuerdo de «paz» propuesto, sin que esto sea considerado un fracaso por parte de los electores israelíes. Al respecto, ya he comentado en el artículo «La anexión de Cisjordania, una tormenta perfecta»[3] el difícil camino de Israel para formalizar la anexión.

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 En el corto plazo se espera que Mascate y Manama sigan los pasos de Abu Dabi, y, en esa misma línea, el Consejo de Transición del Sur (CTS), en Yemen, el cual ha saludado la «valiente decisión tomada por un sabio líder»[4], en referencia al príncipe heredero Mohammed Bin Zayed. En abril, el CTS proclamaba la autodeterminación del sur (independiente hasta 1990) tras tomar Adén, capital desde 2015, y luego de la captura de Saná por parte de los rebeldes hutíes, apoyados por Irán. Los EAU, aliados de Riad contra los chiítas hutíes, apoyan abiertamente los intereses del CTS en el sur del país.

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 Arabia Saudí ha guardado un silencio comprometedor respecto de la normalización de las relaciones EAU-Israel. Si valoramos que el territorio saudí es considerado «la cuna del islam», y por tanto su influencia política se cimenta en su influencia religiosa, resultará difícil que se una, al menos abiertamente, a la traición de los EAU, ya que ello podría ser utilizado por sus enemigos políticos. Sin embargo, la posibilidad de que Abu Dabi lo sustituya en el liderazgo de las relaciones (e inversiones) con EEUU e Israel, es una variable que puede pesar en su decisión final. Riad podría estar limitándose a esperar las reacciones del mundo árabe y musulmán hacia los EAU para – posteriormente – sentar una posición.

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 Egipto, por su parte, a través de un tweet[5] del presidente Abdelfatah al-Sisi, manifestaba que valoraba los esfuerzos por «lograr prosperidad y estabilidad en la región». Egipto, antiguo referente panarabista durante el gobierno de Gamal Abel Nasser, abandonó la lucha por el pueblo palestino y la protección de la ciudad santa de Jerusalén, desde que Moḥamed Anwar al Sadat (sucesor de Nasser) suscribió los acuerdos de paz con el sionismo. Desde entonces (1979), Egipto es el principal receptor de cooperación militar de Washington, después de Israel, con USD 1.500 millones anuales[6]. La normalización de las relaciones con los EAU le permite a El Cairo desviar las críticas a su relación con Tel Aviv, y – a su vez – incluirlo como actor relevante para frenar la influencia iraní.

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En el caso libio, el GAN – apoyado por Turquía y Qatar – ha rechazado el acuerdo acusando a los EAU de traición. Abu Dabi es el principal financiador de las fuerzas del mariscal Haftar, quien cuenta también con el apoyo de Egipto y Arabia Saudí. Varios medios de comunicación han informado, en los últimos años, de reuniones secretas entre el Mossad, servicios secretos israelíes, y las fuerzas del LNA (Ejército Nacional de Libia)[7]. Inclusive se especula que Israel habría enviado armamento a Haftar a través de los EAU[8].

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 Qatar tampoco se ha pronunciado sobre el acuerdo. Bloqueado por sus vecinos – los EAU, Arabia Saudí, Bahréin y Egipto – por su mayor aproximación a Irán, el financiamiento a Hamás, y, sobre todo, el apoyo a los Hermanos Musulmanes (considerados como grupo terrorista en El Cairo, Abu Dabi y Riad), Doha podría proyectar su figura como el único Estado árabe suní que – abiertamente – se opone a abandonar las reivindicaciones musulmanas sobre la ciudad sagrada de Jerusalén. El aislamiento al que está condenado por de sus vecinos y EEUU es algo que la diplomacia qatarí debe estar sopesando. Por lo pronto, a pesar de las sanciones (2017), el gobierno ha mantenido su apoyo al GNA en Libia.

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El Líbano – que vive momentos difíciles por la crisis económica y la explosión en un puerto de Beirut, que ha causado más de 180 muertes – ha tenido reacciones diversas: por un lado, la milicia chiíta Hezbolá ha calificado al gobierno emiratí de traidor, mientras que su aliado en el gobierno, el presidente Michel Aoun – del cristiano Partido Movimiento Patriótico Libre – ha tenido declaraciones más cautas, señalando la independencia de los EAU para ejercer la diplomacia.

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 El único gobierno que ha manifestado su rechazo al acuerdo es el del sirio Bashar al-Assad, considerándolo una «rendición» ante el sionismo. En territorio sirio, dicho sea de paso, se enfrentan las dos potencias regionales musulmanas – no árabes – que rechazan los acuerdos de los EAU con Israel: Irán y Turquía.

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Sin lugar a duda, el gran beneficiado del acuerdo es el gobierno de Netanyahu que, sin tener la necesidad de hacer concesiones al mundo árabe, ha conseguido el reconocimiento como Estado de uno de los miembros del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCG). Más aún, de no existir consecuencias contra los EAU, es posible que Arabia Saudí, el país con mayor influencia religiosa, por ser el custodio de las dos mezquitas sagradas del islam (Másyid al-Haram en La Meca y Al-Masŷid an-Nabawī en Medina), considere optar por el mismo camino. Sin embargo, aunque este sea el interés político, aún debe enfrentar la oposición de los influentes clérigos religiosos, los que – difícilmente – aceptarán la pérdida de la mezquita de Al Aqsa en Jerusalén, tercer lugar sagrado del islam, desde donde – de acuerdo con sus creencias – el profeta Mahoma ascendió a los cielos. Pese a todos los reparos, la presión para que se normalicen las relaciones con Israel serán más intensas a medida que se acerque la fecha de las elecciones presidenciales en EEUU.

Otra de las conclusiones es que la causa palestina ha dejado de ser, para los gobiernos del mundo árabe suní, un problema de primer orden. Esta situación se torna más difícil de entender si tomamos en cuenta que los palestinos son, mayoritariamente, suníes. La preocupación por el aumento de la influencia regional de países como Irán o Turquía, pero sobre todo de los persas chiítas, ha modificado el tablero geopolítico, realzando a Israel como posible aliado en materia de seguridad. Recordemos que al día siguiente del acuerdo el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas rechazó extender el embargo de armas a Irán solicitado por EEUU, el cual culmina el próximo 18 de octubre, aduciendo que ello forma parte del acuerdo nuclear de 2015, del cual el presidente Trump decidió retirarse en 2018. A esto se le suma la decisión de EEUU, en mayo, de retirar parte de su armamento de Arabia Saudí, señalando que Irán ya no representa una amenaza a los intereses estratégicos de EEUU (pozos petroleros), refiriéndose a la decisión del príncipe Mohammed bin Salman de bajar precios del crudo[9].

En este escenario, queda esperar la reacción de la ciudadanía árabe y la exigencia de apoyo a la causa palestina. No habría que descartar que – al contrario de lo esperado – este nuevo escenario favorezca las posturas del salafismo político suní, como el movimiento de los Hermanos Musulmanes, posicionándolo como la vía para defender los intereses del islam.

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Para finalizar, mientras los países árabes suníes se plantean estrechar vínculos con el sionismo, este viene bombardeando Gaza desde el 11 de agosto pasado, habiendo sido alcanzada una escuela de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA).

FUENTES:

[1] https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1293922936609546240

[2] http://www.noticiasser.pe/informe/estados-unidos-e-israel-un-acuerdo-inviable

[3] http://plazatomada.pe/la-anexion-de-cisjordania-una-tormenta-perfecta/

[4] https://www.monitordeoriente.com/20200816-funcionario-de-stc-yemen-aplaude-el-acuerdo-de-normalizacion-entre-israel-y-los-emiratos-arabes-unidos/

[5] https://twitter.com/AlsisiOfficial/status/1293935491046350848

[6] https://elpais.com/internacional/2013/08/17/actualidad/1376735244_391211.html

[7] https://www.aa.com.tr/es/an%C3%A1lisis/jalifa-haftar-e-israel-de-la-animosidad-a-la-alianza-en-libia-/1925614

[8] http://icfuae.org.uk/uae-in-the-media/israel-provided-haftar-weapons-uae-mediated

[9] https://www.aa.com.tr/es/pol%C3%ADtica/informe-dice-que-estados-unidos-retira-misiles-patriot-de-arabia-saudita-/1833034

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